domingo, 15 de febrero de 2009

Otoño cargado de ilusiones

Otoño cargado de esperanzas

Cubierto de la ceniza que va derramando el cielo plomizo del otoño presente, camino empapado y va filtrándose la humedad hasta lo más profundo de mi alma, alimentando a mis lágrimas futuras. El suelo es un tapiz de hojas rojizas, que marcan un camino a ninguna parte. Tímidos rayos de sol tratan de acariciarme, pero la distancia y las escasas fuerzas lo convierten en una quimera irreal.

Me siento en un banco de una concurrida plaza y observo como todo el mundo pasa a cámara rápida mientras me voy sumergiendo en mi mismo. Me acomodo en esta soledad a la que he invitado a quedarse mientras navego en mis pensamientos.

Está siendo un año de caminos cruzados, de idas y vueltas, y necesito sentarme y pausar el ritmo frenético al que me he auto-impuesto seguir, para abarcar todo y a todos.

Y ahora es el momento, la luz y el calor se atenúan y colaborar para templar mi sangre que lleva hirviendo tanto tiempo. Para enfriar un poco mi mente y poder aclarar mi inmediato movimiento de translación.

Un aroma a antaño se impregna en mí, me empuja a echar la vista atrás, y comprobar cuantos me faltan, pero a su vez un cítrico perfume fresco me muestra cuantos quedan y los que llegaron.

La añoranza solo la tengo permitida si es un dulce recuerdo que me enorgullezca porque alguna vez sucedió. No puedo lamentar que acabe nada, pues detrás me aguardan nuevas experiencias, nuevas personas, y si, seguro alguien especial que aporte ese aliciente especial, ese condimento valioso que convierte cada instante en un momento mágico. Con la que compartir mi felicidad y mis días no tan felices, y tomar los suyos como míos, ofreciendo mi alegría o mi apoyo y siempre mi amor.

Este otoño, a la misma velocidad que se desnudan los árboles se viste mi esperanza, porque tengo sobrados argumentos para poder esbozar mi más amplia sonrisa.

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