domingo, 15 de febrero de 2009

Ocaso

Se que a todos nos llega, que el tiempo no se detiene para nadie, que transcurre inexorablemente, sin vuelta a tras, que cada segundo no aprovechado es un segundo perdido.

Y llega el ocaso de la vida, ese otoño vital, en el que nuestro cuerpo deja de responder como cuando se es joven, que nuestro cerebro degradado, puede verse afectado por la enfermedad del olvido, el corazón se vuelve un instrumento frágil.
Cargados de experiencias vitales, de sabiduría, que son maltratados, no solo por el paso del tiempo si no por sus propios congéneres. Sus propios descendientes los abandonan, los gobiernos los maltratan con subsidios irrisorios, nadie les escucha, y terminan marchitándose por la falta de consideración que merecen, por todo cuando han dado, todo cuanto han sufrido.

Abandonamos a estas personas en centros, donde la mayoría de las veces ni se comprueba el estado en el que diariamente van a vivir, y luego nos sorprende que en las noticias veamos casos sobre maltrato a ancianos, residencias con falta de higiene, y muchos se llevan las manos a la cabeza, porque no se molestaron en comprobarlo.

Siempre escuchaba a mi abuelo, y después a mi abuela, historias que hoy parecen increibles, de luchas por sobrevivir, de bombardeos entre hermanos, de éxodos, de refugiados, etc... y ahora los vendemos, traicionamos toda esa entrega por salvaguardar nuestra comodidad.

Hago un llamamiento para todos los que no visitan a sus abuelos o padres, o bisabuelos, o tíos, a todos esos sabios de vida que viven solos, o que están en residencias, hospitales o cualquier lugar donde no comparten la vida con nosotros, que les visitemos, les demos cariño, sonrisas y escucha paciente.

y si tenemos la suerte de poder compartir la vida con ellos, que les tratemos con el respeto que toda una larga vida, con todo la sabiduría y el conocimiento adquirido, merecen.

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